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-- Desde tu Cuello --
Publicado en:3 Marzo 2021 1:48 am
Última actualización en:5 Marzo 2021 12:34 am
350 vistas

-- Desde tu Cuello --

Te he visto. En silencio, de espaldas, concentrada en ti misma, recogías tu pelo en alto con las dos manos, y tu cuello al descubierto alargándose al infinito por tu nuca me llamaba. Me acerco y sujeto tus manos a la vez que mis labios se posan en ti, y muy despacio beso repetidamente tu cuello, me lleno del aroma de tu cuerpo entremezclado con los restos de tu perfume que persiste al final del día. Recorro tu cuello con mis labios, lo mordisqueo, incluso lo chupo hasta llegar a tus orejas. Al sentir el calor de mi boca en tu nuca, un pequeño escalofrío, como una corriente eléctrica, recorre tu espalda y eriza toda tu piel, y un pequeño gemido, más bien un suspiro, escapa entre tus labios.
Sin que mis labios se separen de tu cuello, te rodeo con mis brazos, y tus pechos quedan entre mis manos y se adueñan de ellos; los acaricio, los agarro, los aprieto, los sopeso, siento como se amoldan al hueco de la palma de mis manos, y al notar como se endurecen tus pezones los rodeo y los presiono entre mis dedos. Se agita tu cuerpo que pegas contra el mío, y sientes como se acomoda entre tus nalgas el bulto de mi pantalón. Bajo mis manos por tu vientre, lo acaricio hasta toparme con tus braguitas, deslizo mi mano bajo la tela y siento la caricia de tus vellos entrelazándose en mis dedos que siguen su ruta de exploradores hasta que toda mi mano cubre y abarca tu coño, y lo agarro hasta que mi dedo corazón se desliza entre los labios mojados, dentro de tu coñito, y lo llevo todo lo adentro que puedo, hasta escurrir un segundo dedo. Dejas escapar otro gemido que apago llevando a tus labios los dos dedos mojados de tus jugos, y mientras los saboreas retuerces tu cuerpo y aprietas más tu culo contra mí para sentir mi excitación.

Giras tu cara, y nuestras bocas se buscan, se besan, se comen, se devoran, y siento en mi lengua el sabor de la tuya todavía impregnada de tus jugos. Siguiendo a tus manos me libero del pantalón, y empujando tu culo contra mí y entreabriendo las piernas me invitas y me guías a la puerta de tu Edén. Cuando voy a hacer un ademán para moverme detienes mi impulso con un susurro: "shhhh, sólo sígueme", y eres tú la que se frota a lo largo de mi polla, la empapas con tus jugos mientras mis manos aprietan tus tetas, y juegan con tus pezones que rivalizan con el acero, y nuestras lenguas se retuercen y entrelazan. Notas los labios de tu coñito cada vez más hinchados y cómo se entreabren cada vez más al frotarte contra mi polla, hasta que con un movimiento de tu cadera te ensartas la cabeza y empujando contra mí la sientes deslizarse hasta que desaparece toda dentro de ti. Empujando las manos contra la ventana, marcas el ritmo a tus caderas para que en un continuo vaivén tu coño se vacíe para a continuación sentir como sus paredes se dilatan, se abrazan y se rozan con mi polla hasta sentirte llena de nuevo. Hasta que una ola de calor y frío recorre tu cuerpo, te sientes chorrear y palpitar sin control, y todo tu cuerpo se estremece hasta casi quedar sin fuerzas en las piernas. Apenas alcanzo a sostenerte por la cintura para dejarnos caer sobre la cama...
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-- Sobre tu cuerpo --
Publicado en:3 Febrero 2021 11:55 pm
Última actualización en:28 Febrero 2021 5:02 am
1640 vistas

-- Sobre tu cuerpo --

Cuando todavía muy de mañana abrí los ojos, tus ojos todavía estaban cerrados y una expresión relajada, de tranquilidad absoluta, cubría tu rostro. Tu cuerpo desnudo, tendido junto al mío, parecía seguir en la misma postura en que había caído derrotado de cansancio la noche anterior, de medio lado, un brazo bajo tu cabeza y el otro abrazando tus pechos como si acunaras a un bebe, una pierna estirada casi queriendo escapar de la cama, y la otra flexionada marcando la línea de tu cadera.

Algún rayo de luz se colaba ya por la ventana y se dibujaban caprichosos senderos sobre tu cuerpo, pintando luces y sombras con delicadeza y sublime intensidad que mi mirada recorría con deseo, y mis manos atraídas sin remedio por ese dulce resplandor y los contrastes se estiraban y se extendían hasta alcanzar tu cuerpo. Muy delicadas, casi levitando sobre tu piel, dibujaban tu rostro, delineaban tus cejas y los parpados plácidamente cerrados, el dorso de la mano se deslizaba sobre tus pómulos arrastrando los dedos tras de sí, rozando tu nariz, tus labios, antes de dejarse tentar por la exploración de los sinuosos caminos que la luz pintaba sobre tu cuerpo. Bajando desde tu hombro, amoldada al costado de tu cuerpo, se deslizaba acariciando la espalda con las yemas de los dedos hasta llegar a tu cintura, y virando tus caderas recorrer tus piernas, asir el muslo con la mano abierta hasta casi cerrarse sobre el tobillo. Y desde ahí desandar el camino, abusando de su condición de exploradoras recorrían y abrazaban la pierna con las dos manos, torneando el muslo entre mis dedos hasta llegar a las caderas, donde me atrapaba la voluptuosidad de tus nalgas que intentaba abarcar con las dos manos hasta que me reclamaba la otra pierna huérfana de caricias hasta volver a quedar atrapado por la mágica redondez de tus nalgas.

Tu cuerpo no quería escapar de la duermevela pero inconscientemente se sentía deseado y se dejaba querer, se acomodaba y me entregaba toda su desnudez. Y abrazando tu cuerpo, mis manos recorrieron tu vientre en infinitos círculos hasta sentir que las yemas de mis dedos dibujaban la curva sinuosa de tus pechos, y entonces buscaba el cambio de textura, que se vuelve más abrupta cuando el pezón caprichoso se siente dibujado por la mano ajena que tanto te desea. Sentía como tus pechos llenaban mis manos, los acariciaba y amasaba dulcemente, y sentía los pezones enardecidos por la excitación que ya recorría tu cuerpo y llamaba a tu mente. No abrías los ojos, apenas dejabas que sintiera tu respiración ligeramente más profunda, pero apretaste tu espalda contra mi pecho cuando mi mano descendía por tu vientre hasta sentir el cosquilleo de tu vello, y por un instante se tensaron tus músculos cuando mi mano cubrió todo tu pubis y se impregnó del rocío que destila tu preciosa flor. Un suspiró que escapo de tus labios fue la señal para estrechar tu cuerpo contra el mío con más intensidad, y que mis manos perdieran el temor a despertar tu sueño y solo soñaran con despertar todos tus deseos y hacer brotar tu placer.

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-- Musa Bonita --
Publicado en:26 Enero 2021 6:33 am
Última actualización en:8 Febrero 2021 1:42 am
2484 vistas

-- Musa Bonita --

Solo con leerte está uno obligado a acogerte por derecho propio en el Olimpo de las musas.
Todas esas palabras cargadas de sensaciones, sentimientos, deseo, son una perenne inspiración para cualquiera que te lea, y yo no soy menos.

Tus palabras no son la barrera ni la muralla que te protege, ni tampoco una trinchera en la que acurrucarse y esconderse, sino un faro con el que tu luz nos ilumina a los que estamos en derredor. Son una declaración; una declaración de la mujer que eres, una declaración de la mujer que siente, una declaración de la mujer que desea, una declaración de la mujer que extraña. Una mujer en cuerpo y alma, que se quiere y disfruta pero a la que también le duele la ausencia y el vacío cuando se hace presente. Una mujer femenina, apasionada, que disfruta de cada momento y cada detalle, rebosante de erotismo y que es una seductora de mentes, almas y sí también cuerpos. Y un alma cargada de poesía y sensualidad. Y la intriga y el misterio de tu cuerpo, de una mirada oculta, que solo con la sinuosa línea de tus caderas cautiva a quien te ve. Pero acaso no hay nada más erótico que una musa misteriosa.

Palabras que son una declaración de intenciones para el destinatario de tus palabras que uno sueña ser, ese caballero galante que tiene ganado tu corazón, tu mente, tu alma y hasta tu cuerpo lleno de deseo, ese caballero andante que se entregara en una y mil aventuras por ganar tu atención.

Musa Bonita y misteriosa, musa erudita, déjame ser tu caballero.

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A la musa despechada
Publicado en:22 Enero 2021 3:28 pm
Última actualización en:1 Febrero 2021 5:45 pm
3010 vistas

En los comentarios de su publicación [post 4372151] decía Bonita_Bet, cuyo blog recomiendo a cualquiera que pase por aquí, "no importa mientras que su musa no se enoje.." Y yo le contestaba Sería una mala musa, y no debiera enojarse, si lo hermoso que inspiro sirvió de inspiración a otras.. De pronto esto me ha hecho recordar algo que escribí hace tiempo.

-- A la musa enojada (despechada) --

¿Puede una musa negarse a seguir inspirando?
Cuando ha sido, sigue siendo, fuente constante de inspiración, de deseo, de admiración, puede acaso decidir que llegó el final y no hay más camino para recorrer juntos. Puede esconderse, puede apartarse, puede rechazar, pero puede acaso apagar la mente que inspira.

Desde el rechazo, el desdén, creará una herida, causará dolor, profundo dolor, pero esa será una herida que encienda aún más él recuerdo y la inspiración. Despertará sentimientos más profundos, reales e ideales a un mismo tiempo. Y tanto mayor serán cuanto más irreal e injusta se sienta la causa que lo provocó.
Es este un mar lleno de sirenas tentadoras. Sirenas entonando su canto, que atraerán la mirada e incluso arrancarán palabras para unirse al canto, pues el poeta oye música y canta sus palabras al compas de la música, pero cual Odiseo amarrado al mástil permanecerá fiel a su rumbo marcado por el hechizo de su Musa. Y son esas sirenas las que engrandecen a la Musa, a la hechicera, pues superada la tormenta de los cantos que alteraban la brújula que marca el rumbo y amenazaban con perder el rumbo, armados de nuevo los aparejos, con el solo recuerdo de su musa el piloto recompone el rumbo alterado, y espera en cada amanecer la visión de su musa, que traerá un hechizo que hinche las velas y empuje la nave a seguir navegando por un sin rumbo que sólo conduce al destino que su musa construye cada día. El poeta, el piloto, Odiseo, trinidad del hechizado, sueñan cada día con arribar a su Ítaca, puerto donde las palabras se hacen realidad, sin saber que sólo ella tiene el don de hacer real destino. Y mientras, el viaje es siempre fecundo y seductor, fecundo en imágenes, en palabras, en deseos...

¿Y si quedan abandonados sin rumbo? Pondrá la nave al pairo, elevaran sus palabras al viento para que las lleve a su destino, a su musa. Si no hallan respuesta, harán de su desdicha la fuerza, la trinidad se hará uno, más fuerte, y vagará, navegará, eternamente buscando en cada amanecer el hechizo que no llega. Y con su recuerdo, más fuerte e inspirador si cabe, con su recuerdo construirá un rumbo en cada amanecer, que le guie en su camino para reencontrar a la musa que nunca creerán perdida, o incluso al puerto de la ansiada Ítaca. Quizás cante otras canciones, quizás componga con otras palabras, pero siempre encontrará que un fuego fatuo se encenderá aquí y allá en su interior para recomponer el rumbo como hacía antes su musa.

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-- Tu espalda --
Publicado en:20 Enero 2021 6:49 am
Última actualización en:8 Febrero 2021 1:44 am
3156 vistas

-- Tu espalda --

Abro el grifo, cierro lo ojos y dejo caer el agua sobre mi cabeza, ese gesto tan común que hacemos todas las mañanas que se supone nos sirve para regresar del mundo de los sueños pero que desde hace un tiempo me lleva a tu lado. Mientras con gestos mecánicos me enjabono con los ojos cerrados mi mente me transporta a tu lado, en realidad a tu espalda...

Apoyas tus manos sobre las mías en tus caderas, sientes mis labios en tu cuello y encaramada en los zapatos de tacón tus piernas parecen bailar y hacer equilibrios mientras te retuerces y ronroneas como una gatita mimosa, pegando tu espalda contra mí. Me inundo de tu dulce perfume según recorro tu cuello, desde tu hombro hasta tu oreja, atrapo el lóbulo entre mis labios y lo voy soltando muy despacio a la vez que lo acaricio con mi lengua que paseo luego por tu nuca después mientras sujeto en mi mano tu cabello en una improvisada coleta. Eres tú la que lleva la mano a la cremallera del vestido cuando, después de un suave mordisco, un placentero escalofrío recorre tu espalda y eriza tu piel, y siguiendo tu impulso soy yo el que baja lentamente la cremarella y empuja el vestido hasta tus caderas hasta dejar tu espalda desnuda.

Mis manos recorren tu espalda y te abrazan para adueñarse de tus pechos. Tú te inclinas ligeramente y a la vez que tus pechos se vierten en mis manos, noto como aprietas tus nalgas contra mi entrepierna mientras empujas el vestido que termina de caer al suelo cuando cimbreas cadera y piernas como un junco mecido por el viento. Avanzas un paso saltando sobre el vestido, y en la inercia del movimiento te tomo de las manos y las levanto hasta que alcanzas la pared. Sientes mi boca en tu cuello, mi pecho en tu espalda, y mis manos en tus nalgas deslizando los dedos bajo la tela de la braguita humedecida que hacen a un lado. Y te sorprendes cuando sin esperarlo sientes mi verga rozándose contra los labios de tu coñito mojado, que se entreabren cuando nuestras caderas comienzan a ondular en una asincronía que te va llenando toda. Giras tu cara y se buscan nuestras bocas, nuestras lenguas, y dejo que tu cuerpo felino sea el que marque tu ritmo acompasando una segunda ola en mis caderas. "Más" me dices de pronto, "te quiero sentir, más adentro" repites, y sin separarnos nos movemos hasta que caes sobre el reposabrazos del sillón, con la visión de tu maravilloso culo en pompa, apoyada en tus tacones, abres más las piernas para sentirme llegar bien dentro de ti. Mis manos recorren tu espalda y se agarran a tus caderas, para que en cada golpe de ariete me sientas llegar un poco más a ti. Y te aprietas contra mí, pegas tus nalgas a mis caderas, y tus gemidos coinciden con el roce de tus pezones contra el asiento del sillón cada vez que tu cuerpo se siente llenar de deseo, de pasión, de verga...

...antes de poder salir de la ducha, tengo que volver a enjabonarme y aclararme con un chorro de agua fría que me permita no pensarte por un rato y cumplir esas dichosas obligaciones de todos los días.

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-- El color de la alegría (Colour of Joy) --
Publicado en:18 Enero 2021 5:07 pm
Última actualización en:20 Enero 2021 3:28 am
3126 vistas

-- El color de la alegría (Colour of Joy) --

No se si realmente era así o me engañaban los sentidos, pero sentía que el tacto de su piel era distinto a cualquiera que había experimentado antes, como si su piel tan pálida fuera más fina y delgada, y las pecas que cubrían casi todo su cuerpo se alteraran al paso de mi mano y borbotearan contra las yemas de mis dedos.

Ya antes de conocernos, las pocas veces en que me cruzaba con ella despertaba en mi una fascinación tremenda, como si aquel rabioso color rojizo de su melena fuera el canto de las sirenas que emulando a Odiseo había que resistir con inaudito estoicismo. Cuando coincidíamos en el autobús, durante todo el trayecto tenía la mirada clavada en ella, atraído por el fuego de su pelo y absorto, como quien mira un firmamento estrellado en noche de luna nueva, haciendo recuento en el mar de pecas que cubrían sus brazos y cara. Y me preguntaba intrigado como serían aquellos pequeños pechos que las más de las veces se marcaban procaces bajo su ropa reclamando la atención de todos. Tan solo si su mirada se cruzaba con la mía, en un ataque mezcla de timidez y prudencia, apartaba la vista por un instante. Quien me diría en aquellos momentos que el tiempo haría que viviéramos momentos tan gozosos.

Porque sentir su cuerpo era más que disfrutar, apenas nos rozábamos sentía un hormigueo recorriendo mi piel y el deseo de unir nuestros cuerpos desnudos, tan distintos. Era una atracción mutua e inevitable, como se atraen las cargas eléctricas de polos opuestos pues solo un fenómeno físico podría explicar y ser la causa de tanto deseo y pasión, que en cada encuentro nos llevaba a quitarnos la ropa con urgencia, hasta que una vez desnudos mi cuerpo tosco, de piel morena y muy velludo, contrastaba con violencia junto a su delicada piel, moteada como un felino. Mis manos recorría su cuerpo, sus piernas, sus nalgas, acariciaba su piel, y agarrabas tus pequeños pechos que al instante reaccionaban haciendo brotar y crecer sus pequeños pezoncitos rosados. Solo entonces, le gustaba que los pellizcara entre mis dedos hasta que dejaba escapar un pequeño grito de dolor que calmaba rodeándolo con mis labios y humedeciéndolo de saliva. Todas nuestras citas se iniciaban con este ritual no escrito, prendiendo la llama de nuestros cuerpos. A partir de ahí se desencadenaba una batalla sin guion movida solo por el ansia de encontrar el placer del otro y que terminaría cuando nuestros cuerpos exhaustos y sudorosos, impregnados de los aromas del otro, yacieran sin fuerzas el uno junto al otro, ella boca abajo y mis dedos imaginando y dibujando constelaciones sobre su piel.

Y todavía hoy, cada vez que una mata rojiza se agita frente a mis ojos y descubro un rostro pecoso que revive su recuerdo, no puedo evitar sentir un cosquilleo en mi mente y que mis dedos se muevan en el aire recorriendo y contando las constelaciones que recorrían su piel.

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-- Escucharte --
Publicado en:11 Enero 2021 1:19 am
Última actualización en:27 Enero 2021 12:01 am
3963 vistas

-- Escucharte --

Escucharte, escuchar tu voz, tan dulce, tan sensual, casi un susurro junto a mis oídos, casi puedo sentirte a mi lado, como lleva el aire desde tu boca a mis oídos, se agita con cada leve suspiro que dejas escapar entre tus labios

Escucho tu voz y sigo tus palabras, y siento que puedo alargar mi mano hasta tus pechos desnudos, tan deliciosos, los acaricio y noto tus pezones excitados, duritos, y los atrapo entre mis dedos, aprietas tus labios y como una tímida invitación dejas escapar un placentero "mmmmmm", y presiono mis dedos que sientes cómo se aprietan contra tus pezones, una sensación placenteramente dolorosa que lleva una suave corriente por todo tu cuerpo hasta que percibes como una gota de tu dulce néctar resbala entre tus piernas y tus labios se despegan en un suspirante "auuch". Y siento tu mano en mi cuerpo, tus dedos acariciando y bajando por mi pecho, demorándose caprichosa en su camino, hasta sentir la turgencia de la carne que sabe le pertenece, cierras tu mano sobre mi verga y sientes la firmeza y la tensión de la carne hecha deseo, atrapada en tu mano.

Envidiosa, mi mano abandona tu pecho, y se desliza despacio entre tus piernas, acariciando tus muslos hasta sentir las gotas del rocío que desprende tu flor más intima. Atrapada tu boca en la intensidad de un beso caníbal, se apaga a mis oídos el suspiro que quiere escapar cuándo tus labios se aprietan aún con ahínco contra los míos, y tu lengua serpentea y se frota contra la mía.

¡Qué rico! Me gusta, me gustas.
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-- Retrato de una dama --
Publicado en:22 Deciembre 2020 2:58 am
Última actualización en:20 Enero 2021 6:53 am
5019 vistas

-- Retrato de una dama --

La mujer cubista, te dije un día. Por tus múltiples personalidades, algunas forzadas que iban y venían, aparecían y desaparecían al voluble capricho de otros, pero siempre contigo dentro presente como un faro. Por tus múltiples facetas, un poco como todos por aquí aunque no las de todos son interesantes, eso sí, no todas accesibles por cualquiera , un privilegio que me otorgaste sin conocerme, puramente basado en tu intuición. El privilegio de descubrir a una dama, educada, responsable, segura de sí misma, incluso una madre fuerte y luchadora que seguro muchos hubiéramos querido, con una exquisita vocación por la conversación sazonada por ese dulce acento y tono de voz, amante de las palabras, apasionada lectora, ilustrada y a su vez creadora de versos, en rima o en prosa, capaz de expresar sus emociones, sentimientos, anhelos, y también esas pequeñas frustraciones que ensombrecen como un velo turbio el alma más pura.

Y una cara siempre sin rostro replicada con un matiz distinto en las múltiples personalidades. Una visión reducida e incompleta, pero con una hermosura y poder de atracción que hubiera equivocado al mismo Newton. Complementada con un torrente de palabras, creadoras de sentimientos, una impresión estática de deseos ausentes, pasiones pasadas y emociones futuras capaz de emocionar a su lector; y siempre una mirada curiosa en el entorno, buscando conocer y descubrir al opuesto, sus excesos, sus torpezas, su belleza y sus virtudes, y quien sabe si…, quien sabe.

Y en la confianza otorgada, revelar otra faceta más a superponer en este retrato poliédrico que se proyecta en un único plano, una revelación del yo sensible, del yo sensual, abierto, libre, capaz de disfrutar y con necesitad de disfrutar. Qué muestra a esa mujer capaz de sentir y expresar pasiones y deseos tan intensos, de dejarse llevar en el momento que el cuerpo, el corazón, la pasión, el deseo, reclaman el control para descontrolar la mente y dejarse llevar por los instintos, abrirse a las sensaciones más placenteras, que como un volcán se excita, genera e irradia tensión, la acumula para reventar en un estallido de gozo y desbordar su fluido interno, y despliega un terremoto interno que hace palpitar el cuerpo recorrido por ondas de placer, capaz de un espectáculo de réplicas hasta quedar exhausto. Una mujer fuerte, autosuficiente, pero que también desea complementarse con el deseo del otro.

Para quien no comprenda: Ni trofeo ni banderas que agitar. Retrato de una dama. Para quien merezca recibirte: un premio, una pasión, una bendición...
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-- Deliciosa intensidad --
Publicado en:18 Deciembre 2020 3:05 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:52 am
5241 vistas
-- Deliciosa intensidad --

Deliciosa intensidad es esa forma en que nuestros labios se buscan, y nuestras bocas se funden y se confunden la una en la otra, en que recorremos y marcamos el cuerpo del otro, como depredadores apropiándonos de cada poro, cada vello, cada recoveco, cada gota y cada esencia.

Deliciosa, porque saboreamos cada aroma de nuestra piel, el gusto de cada rincón, cada matiz cambiante según nos vamos inundando de placer, según nos entremezclamos y compartimos, y arrastramos las esencias por todo el cuerpo. Esa intensidad en la forma de besarnos, devorándonos el uno al otro como si fuera la última vez, dejando huella de nuestros labios, de nuestros dientes,

Es deliciosa y es salvaje, es primitiva, porque nos dejamos llevar por nuestros instintos más primarios, para percibirnos con todos los sentidos, nos tocamos y sobamos, vemos nuestros cuerpos excitados, vemos la mirada perdida del otro, se llenan nuestros oídos de jadeos, del sonido del roce de nuestros cuerpos, choque de , olores cambiantes que desprenden nuestros cuerpos, y un festín pantagruélico de placer, con la boca llena del otro , la saliva impregnada en la piel y confundida en un cóctel de jugos imposibles, y en el entrevero de esos dos cuerpos que rivalizan y batallan por darse placer, dos bocas que son una y se buscan una y otra vez
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-- Duermevela --
Publicado en:15 Deciembre 2020 7:00 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:52 am
5814 vistas

-- Duermevela --

Abro los ojos súbitamente y regreso de la profunda placidez en que me había sumido. Antes de que mis ojos se hagan conscientes del entorno, mi mente se apresura a adivinar cuanto tiempo he estado perdido en esa otra realidad donde los sentidos están ausentes, soy consciente de que no debería estar dormido pero mis ojos empiezan a reaccionar a la luz y no acierto a aproximar el pecado de mi ausencia. Lo primero que llena mi mirada es tu boca, tus labios, labios de fresa, de rojo intenso que un instante antes se han posado sobre mis parpados, y cuando ves como mi rostro se llena de culpa y confusión, un rayo de luz parte en dos la intensidad del rojo y me inundas con tu eterna sonrisa.

Con un dedo aplacas mi intento de hablar, no es momento de palabras, y después peinas con delicadeza mi barba y dibujas mis cejas como hacías mientras cuidabas mi duermevela. Levanto la vista y busco tus ojos que reflejan la alegría de tu sonrisa y la ternura de tu gesto.
Como una pequeña sacudida, mi mente despierta al verte y empieza a recuperar los estímulos del resto de sentidos. Alcanzo a oír el roce de tu piel entre las sábanas, y entre el olor de deseo, casi animal, que domina el ambiente me llega como notas sueltas en una partitura el aroma de tu perfume que todavía persiste en tu piel. Además de tus dedos en mi cara, siento tu cuerpo junto al mío, y cuando te acomodas ligeramente, siento el roce de tus piernas con la mía, tu vientre en mi cintura y tus pechos sobre mi brazo y apretándose contra mi pecho.

Alargo mi brazo izquierdo hasta acariciar tu nuca, hundo mis dedos entre tu pelo, y arqueas y mueves tu cabeza como una gatita mimosa para sentir mi mano toda alrededor. Apenas un parpadeo, y siento después en mi boca de nuevo el sabor de tus labios, besos dulces y frescos, que van tornando en intensos renovando el regusto latente que aún permanecía en mi boca. Antes de que pueda intentar acomodarme para estar frente a ti, te has sentado a horcajadas sobre mí y apoyada sobre mis muñecas me besas con frenesí, mientras con un suave balanceo siento tus pechos deslizarse sobre mi pecho y tus caderas descienden hasta que siento tu pubis humedecido tomando posesión del estandarte conquistado...
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-- Un cambio --
Publicado en:27 Noviembre 2020 1:13 am
Última actualización en:19 Enero 2021 9:53 am
6192 vistas

-- Un cambio --

Con todas las restricciones y precauciones que había que tomar no volvimos a hacer intención de vernos hasta que la situación no se calmara lo suficiente y ambos nos sintiéramos razonablemente seguros, por muy gozoso que pudiera ser teníamos claro que no merecía la pena que por un azar del destino resultara ser la última vez. Después de tanto tiempo en barbecho reencontrarnos aquel día casi parecía una nueva primera vez.

Llegué al café donde nos habíamos citado, el mismo en que nos vimos por primera vez y donde habíamos quedado por última vez meses atrás, buscando tu melena entre las cabezas de la gente que estaba allí sentada. Ahora que todavía seguimos todos forzosamente embozados se hace dos veces necesario encontrar primero esa característica que define a cada uno a primera vista, antes de que nuestra mirada y nuestra mente confirmen en los detalles que hemos encontrado a quien buscábamos. No te encontré, no encontré tu melena, y contrariado barrí de nuevo con la mirada todas las cabezas del local sin éxito. Sin embargo, sabía que tenías que estar, un asunto de última hora en el trabajo me había retrasado, y cuando te avisé que llegaría algo más tarde me contestaste que tú ibas adelantada, estabas a punto de llegar y me esperarías leyendo. Achaqué al cansancio mi incapacidad de encontrarte, y siendo como somos animales de costumbres, me encaminé hacía la zona del local donde solíamos sentarnos mientras sacaba el teléfono para avisarte de mi llegada. Antes de enviar el mensaje levanté la cabeza y busqué de nuevo, ni rastro de tu melena, pero al volver la vista sobre el teléfono una mirada, que se dejaba ver entre una mascarilla y un flequillo que cubría la frente, se cruzó con la mía y cautivó mi atención. Una mirada intensa, penetrante, de hermosos ojos oscuros, una mirada casi felina que no dejaba de observarme curiosa y que torno en gesto alegre cuando por fin te reconocí en esos ojos, y viste cambiar en los míos un gesto entre resignado y ofuscado por una mirada que aunaba alegría, sorpresa y estupidez a un mismo tiempo. Conforme me acercaba a la mesa en la que te sentabas, la sonrisa que anunciaba tu mirada bajo la mascarilla devino en una contagiosa carcajada que me hizo reír a mí también. Me senté a la mesa y por respeto a la todavía obligada profilaxis "sanitaria" evitamos cualquier contacto.
- Qué gusto verte otra vez
- ¿Tanto tiempo pasó que ya no me reconoces? - preguntaste con un tono irónico
- Cómo eres... buscaba tu melena y obviamente no la encontraba. Y luego entre la máscara y el nuevo corte de pelo... me podías haber ayudado con un gesto.
- Quería ver tu reacción - y mientras movías la cabeza añadiste - ¿Te gusta?
- Un cambio inesperado. La verdad: - dije mientras llevaba mi mano a tu cabeza como si sopesara tu nuevo corte y aprovechando para poder tocarte y sentirte de nuevo - te queda muy bien
- Echaba de menos tu mano - dijiste mientras retorcías y frotabas la cabeza y cuello en torno a mi mano como una gatita, y yo te devolvía la caricia
- Yo tu cuerpo...
De pronto, te retiraste la mascarilla y apuraste tu taza de un trago, antes de volver a ponerte la omnipresente mascarilla con una pícara sonrisa y un beso dijiste: "Terminé mi café. Vámonos ya".

Hundí mis dos manos en tu cabello, y lo acaricié entre mis dedos mientras atraía tus labios a los míos, tu boca a mi boca, y en cada beso nos redescubríamos con ansiedad, como si fuera la primera y la última vez, hasta casi perder la respiración. Ahora sí, apenas se cerró la puerta, en la intimidad de tu casa y a salvo de miradas ajenas, éramos todo contacto, recuperábamos el tiempo perdido, el dulzor de los besos, y hasta aprendíamos a respirar. Así, mientras nuestra respiración se acompasaba al ritmo de los besos, más intensos que nunca, mis manos corrían bajo tu vestido y se agarraban a tus nalgas, sentían la suavidad de tu piel y el calor de tu cuerpo, extrañado tanto tiempo, que empujaba contra el mío, sentía su carne mientras las apretaba entre mis dedos, y se abrían hasta tragarse la tela de tu braguita. Y tus manos se hicieron un hueco entre nuestros cuerpos, que se juntaban y apretaban igual que nuestros labios, hasta deslizarse bajo el cierre del pantalón buscando mi verga que se convertía por momentos en el cetro de mi masculinidad que tus manos agarraban y recorrían a lo largo haciéndose su dueña. Nos desnudamos con lentitud y torpeza, tal era la necesidad que nos teníamos que lo hacíamos con la urgente impericia de dos primerizos, tropezando en broches, cierres y botones mientras el pasillo nos conducía a tu dormitorio, así hasta por fin poder caer desnudos sobre tu cama y fusionar nuestros cuerpos en nuestro deseo y placer...

Cuando desperté, tu cuerpo todavía sudoroso y cautivo del sueño yacía junto al mío, me enredé entre tus piernas y posé mi mano izquierda en tus caderas, mientras los dedos de mi otra mano acariciaron y peinaron dulcemente tu cabello hasta que una sonrisa llenó tu rostro y muy lentamente fuiste abriendo los ojos
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Bonita_Bet48M13/2
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PATO8014  33H5/2
F3LIX_X  55H28/1
bobobo8  38H24/1

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